Explore "Macunaíma" by Mário de Andrade on Textopian. Read with annotations and highlights.
Macunaíma se arrastró hasta la tapera ya sin gente. Estaba muy contrariado porque no comprendía el silencio. Se había quedado como muertito sin lloronas, en un abandono total. Los manos fueron de veritas transformados en la cabeza izquierda del rey-zamuro y uno ni siquiera se encontraba cuñataís por ahí. El silencio empezaba a cabecear de sueño a orillas del Uraricoera. ¡Qué enfado! ¡Y principalmente, ahí!. ¡Qué flojera!.
Macunaíma se vio obligado a abandonar la tapera cuya última pared empalizada con palma de sotole se venía abajo. Pero la malaria no lo dejaba con ímpetu ni de construir un caney. Había traído la hamaca para lo alto de un teso donde había una piedra con guacas de dinero enterrado abajo. Amarró la hamaca entre dos cajuiles frondoseando y no salió más de ella por varios días tumbado a la bartola encanijado y comiendo marañones. ¡Qué soledad! El mismo séquito pintarrajeado se disolvió. No ven que un papagayo guaro-catinga pasó muy apurado por ahí. El guacamayerío le preguntó al pariente que adónde iba.