Explore "El tirano de la aldea" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Una administración municipal no se hace odiosa á un aldeano por el / solo delito de ser algo más cara que otras que la antecedieron: / suspira, murmura, pero no pierde el sueño porque le pidan el recargo, / y el recargo del recargo, y el tanto por ciento más sobre todos estos / recargos, y dos del anticipo, y tres del empréstito, y cinco de / consumos, y tanto del puerto, y cuánto de los pastores, y esto para el / médico, y lo otro para el señor cura. Todas éstas y otras exacciones / llevan apariencia legal: el aldeano cuenta siempre con ellas ó / con otras parecidas; y aunque alguien más sagaz pudiera, con mucha / frecuencia, hallar no poco que tachar, así en la calidad como en la / cantidad de lo exigido, él lo paga religiosamente y no se escandaliza, / porque no le extrañan los motivos.
Pero es el caso que, después de descansar pagando, como, en señal de / su ingénita honradez, dice el pobre hombre, logra éste, á fuerza de / privaciones, esconder un roñoso ochavo en el _pico del arca_. Aquel / ochavo es, con otros que irá juntando poco á poco, una chaqueta nueva / para él, ó una saya para su hija, ó el _puchero limpio_ del primero de / la familia que _caiga en cama_, ó el socorro para el chico si la suerte / se le lleva al servicio de las armas, ó el calor del invierno, ó el pan / de la primavera. Robarle aquel ochavo es robarle la paz, el sueño, el / mayor pedazo de su alma.