Explore "La mujer del César" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
No se necesitaba ser un gran fisonomista para comprender, por la / cara de un hombre que recorría á cortos pasos la calle de Carretas / de Madrid, en una mañana de enero, que aquel hombre se aburría / soberanamente; y bastaba reparar un instante en el corte atrasadillo / de su vestido, chillón y desentonado, para conocer que el tal sujeto / no solamente no era madrileño, pero ni siquiera provinciano de ciudad. / Sin embargo, ni de su aire ni de su rostro podía deducirse que fuera / un palurdo. Era alto, bien proporcionado y garboso, y se fijaba en / personas y en objetos, no con el afán del aldeano que de todo se / asombra, sino con la curiosidad del que encuentra lo que, en su / concepto, es natural que se encuentre en el sitio que recorre, por más / que le sea desconocido.
Praderas de terciopelo, bosques frondosos, arroyos y cascadas, rocas / y flores, eran las galas de su país. Nada más natural que fuesen las / grandes vidrieras y los caprichos de las artes suntuarias el especial / ornamento de la capital de España, centro del lujo, de la galantería y / de los grandes vicios de toda la nación.