La mujer del César

La mujer del César de José María de Pereda

La mujer del César* narra la crisis conyugal de un matrimonio madrileño de la alta burguesía, construida sobre la incompatibilidad de caracteres y agravada por la maquinación de un seductor vanidoso. Carlos, abogado de origen montañés que ha alcanzado fama en el foro madrileño gracias al patrocinio del padre de su esposa, está casado con Isabel, mujer de singular belleza y carácter noble aunque entregada por completo a la vida de los salones. El matrimonio no nació de una pasión, sino del deseo moribundo del protector de Carlos. Desde entonces, cada uno vive en su esfera: él trabaja sin descanso para costear la vida ostentosa de ambos sin tocar el caudal de su mujer, por puro decoro; ella frecuenta bailes, recepciones y las mejores casas de Madrid, ignorante del sacrificio que aquello supone. Carlos lleva años atormentado por la tensión entre su confianza en la virtud de Isabel y el temor a las apariencias que genera ese modo de vida, pero nunca ha encontrado el momento de hablarle con franqueza. Llega a Madrid Ramón, hermano mayor de Carlos, hombre recto y de costumbres campesinas, que ve de inmediato lo que Carlos no quiere ver: el desgaste físico de su hermano, la indiferencia doméstica de Isabel y la presencia perturbadora del vizconde del Cierzo, joven adinerado y vanidoso que, usando a la marquesa del Azulejo como intermediaria social, lleva tiempo intentando conquistar a Isabel. Isabel, entre tanto, mantiene una rivalidad frívola con la condesa de Rocaverde en materia de modas y lujos. Cuando el vizconde le revela que existe un aderezo de diamantes que la condesa no puede adquirir por falta de dinero, Isabel, dominada por su única debilidad —la ostentación—, acepta sin reflexionar que el vizconde gestione la compra en su nombre. Lo que no sabe es que el vizconde mete dentro del estuche un billete comprometedor en el que da a entender que le regala la joya como enamorado, y que lo hace saber públicamente en la joyería, ante varios testigos, alardeando de haber vencido la resistencia de Isabel. Ramón intercepta el estuche, lee la nota y guarda silencio, pero esa noche acompaña a Isabel a la recepción de la condesa de Rocaverde con el fin de observar. Allí escucha al vizconde jactarse ante sus amigos de los supuestos favores de Isabel e insultar a Carlos llamándole «borrego resignado». Ramón, incapaz de contenerse, abofetea al vizconde públicamente. Al día siguiente, los padrinos del vizconde se presentan en casa de Carlos a pedir satisfacción a Ramón, quien los rechaza con desprecio. Después lo cuenta todo a Carlos y le entrega el billete. Carlos, aunque destruido por dentro, razona con lucidez: conociendo el carácter de Isabel, no puede creer que ella se haya prestado conscientemente a semejante vulgaridad. La confronta. Isabel, indignada y deshecha en lágrimas, explica la verdad: aceptó la mediación del vizconde por una rivalidad pueril, sin sospechar la trampa. Inmediatamente después, la marquesa del Azulejo aparece y, bajo fingida simpatía, alude con malicia al escándalo. Isabel la expulsa con energía y destroza el aderezo en el suelo. Carlos acude solo a casa del vizconde y le golpea. El vizconde, cobarde en el fondo, elige no batirse y en cambio ofrece retractarse públicamente. Ambos van a la joyería, ante los mismos testigos del insulto original, y el vizconde declara que todo fue una fanfarronada movida por la vanidad y que la honra de la dama está intacta. Al mismo tiempo llegan Isabel y Ramón, quien Isabel había decidido llevar para hacer su propia declaración. El episodio concluye ante el conjunto de los presentes. De regreso en casa, Carlos reconoce ante Isabel su propia culpa: durante años calló cuando debió advertirla del peligro. Le dice que no le basta con ser honrada —tiene que parecerlo, pues, como la mujer del César, la virtud sin apariencia de virtud no basta en el mundo. Le pide que regrese a los salones con la frente alta para no parecer vencida, y luego la invita a descubrir la vida doméstica. Isabel acepta el cambio. La novela, publicada en 1858 y considerada obra menor dentro de la producción de Pereda, funciona como crítica de la frivolidad de la alta sociedad madrileña y como defensa de los valores domésticos y del decoro conyugal, con un trasfondo moral que anticipa las preocupaciones centrales de la narrativa realista española posterior.

By José María de Pereda · First published 1878 · Genre: Novel of Manners, Psychological Novel, Moral and Philosophical Novel · 14 chapters · 34.966 palabras

Ediciones

Primeras líneas

No se necesitaba ser un gran fisonomista para comprender, por la / cara de un hombre que recorría á cortos pasos la calle de Carretas / de Madrid, en una mañana de enero, que aquel hombre se aburría / soberanamente; y bastaba reparar un instante en el corte atrasadillo / de su vestido, chillón y desentonado, para conocer que el tal sujeto / no solamente no era madrileño, pero ni siquiera provinciano de ciudad. / Sin embargo, ni de su aire ni de su rostro podía deducirse que fuera / un palurdo. Era alto, bien proporcionado y garboso, y se fijaba en / personas y en objetos, no con el afán del aldeano que de todo se / asombra, sino con la curiosidad del que encuentra lo que, en su / concepto, es natural que se encuentre en el sitio que recorre, por más / que le sea desconocido.

Qué documenta esta página de Textopian

La mujer del César figura en Textopian como novela corta de José María de Pereda, con fecha de 1878 d. C.

Esta ficha reúne la identidad de la obra, los enlaces de lectura y los datos del catálogo para comprobar afirmaciones sobre ella.

Cómo citar esta página

Obras similares

Géneros

Etiquetas

realismo · siglo XIX · literatura española · sociedad · honor · moralidad · relaciones interpersonales · crítica social · costumbrismo · personajes complejos · conflicto emocional · matrimonio

Contents

More by José María de Pereda