La intolerancia

La intolerancia de José María de Pereda (1880)

"La intolerancia" es un artículo costumbrista de José María de Pereda dedicado a don Sinforoso Quintanilla, planteado como una conversación reservada e informal entre el autor y el destinatario. Pereda comienza comparando el modo en que la sociedad juzga los caracteres con la costumbre cubana del "¡ataja!": cuando alguien grita esa voz al ver correr a un ladrón, los transeúntes apedrean al primero que pasa corriendo sin averiguar si es realmente el culpable. De igual manera, sostiene el autor, la fama "ataja" a las personas según apariencias, sin preguntarse por qué. Ilustra esta idea con varios ejemplos: un hombre de aspecto antipático que resulta ser, en el fondo, "lo más fino, lo más discreto, lo más bondadoso"; el caso de Diego, tenido por "hombre célebre" y "gracioso" cuando en realidad es vulgar e ignorante, frente a Juan, ingenioso y prudente pero tachado de "vulgaridad antipática"; y el de una dama sin méritos propios que, gracias al lujo de sus fiestas y a lo gratuito de sus bailes y cenas, se gana fama de elegante y talentosa, en detrimento de otra señora verdaderamente bella, elegante y discreta a quien se le niega ese reconocimiento. A partir de ahí, Pereda centra el escrito en el pecado social de la "intolerancia", definiendo como intolerante, en el trato ordinario, a quien solo aplaude lo que le parece ajustado al buen sentido, y como tolerante a quien lo aplaude todo, "racional y absurdo, serio y ridículo", menos que otros censuren algo. Desarrolla varios episodios para demostrar la injusticia de esta etiqueta: Un lugar de tertulia (llamado H) frecuentado por el interlocutor, invadido por una turba de "gomosos" ruidosos que tararean ópera, gritan y aporrean los muebles; tras soportarlos varias veces, el amigo deja de acudir, y cuando se lo reprocha a otro contertulio tolerante, este le llama "muy intolerante" por no soportar a los invasores. En otra tertulia de confianza, un señor forastero de Zamora, muy ceremonioso, interrumpe una discusión al oír el apellido "Verduguillos" para contar, con enorme lentitud y sin ninguna gracia, un viaje desde Zamora hasta Logroño en 1838, donde conoció a un tal don Fulano que le presentó a un tal Pacomio Verduguillos de Cuzcurrita de Río Tirón; el relato, tras casi una hora, resulta no tener ningún punto de interés, y cuando el narrador y su amigo dejan de asistir a la tertulia por hastío, son tildados de intolerantes e inciviles. El caso de un embustero que repite historias autobiográficas inventadas; cuando el interlocutor le corrige, señalando que el suceso ocurrió en realidad a un condiscípulo suyo en Oviedo y de forma distinta, el embustero responde que "es lo mismo" y lo acusa de ser "lo más intolerante". El de un grupo de media docena de mujeres que pasan la tarde murmurando con crueldad de otras señoras (criticando su vestir, su trato, sus amores, su economía); cuando el interlocutor, preguntado por una de esas señoras, repite lo que sabe de su historia, las murmuradoras lo tachan de "temible" e "intolerante". Finalmente, Pereda extiende la reflexión a la crítica pública: cuando en periódicos, folletos o libros se satirizan ridiculeces ajenas, quienes señalan media docena de ellas como muestra son llamados intolerantes y mordaces por los mismos que hacen de la mordacidad su oficio. Concluye que quien se limita a vivir según sus gustos lícitos —evitando bailes, mascaradas, cuadros vivos o "jiras" que no le agradan, sin apedrear ni increpar a quienes participan en ellos— no incomoda a nadie; pero en cuanto se le pregunta por qué no asiste y responde con sinceridad, recibe al instante el calificativo de intolerante, no porque su razón sea mala, sino porque la cosa que critica no resiste el análisis del sentido común, y en venganza se le pone ese mote. Así, señala, muchos caracteres dóciles cargan con la fama de intolerantes, mientras se consideran a sí mismos "excelentes sujetos" los que toleran todo menos el sentido común. El texto cierra con Pereda despidiéndose de su interlocutor, satisfecho de haber conversado sin murmurar de nadie ni ofender al prójimo.

By José María de Pereda · First published 1880 · Genre: Essay, Social Satire, Social Commentary · 5971 palabras

Primeras líneas

(AL SEÑOR DON SINFOROSO QUINTANILLA)

Bien saben los que á usted y á mí nos conocen, que de este pecado no / tenemos, gracias á Dios, que arrepentirnos.

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La intolerancia figura en Textopian como ensayo de José María de Pereda, con fecha de 1880 d. C.

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literatura española · siglo XIX · realismo · novela · conflicto social · prejuicio · sociedad · drama · personajes complejos · relaciones humanas · crítica social · Cantabria

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