Un artista

Un artista de José María de Pereda (1877)

«Un artista» es un cuadro de costumbres de José María de Pereda construido íntegramente a partir de un diálogo entre un barbero madrileño y un cliente anónimo en una peluquería de una localidad costera cantábrica, identificable con Santander o sus alrededores. La acción arranca cuando el cliente toma asiento para que lo afeiten. El barbero, recién llegado de Madrid hace ocho días, ha accedido a trabajar temporalmente en el establecimiento como favor al dueño, pues en realidad ha venido a la costa a tomar baños de mar por prescripción médica. Desde el primer momento el barbero domina la conversación con una locuacidad inagotable, mientras el cliente apenas interviene con respuestas breves, secas e irónicamente cortantes que el barbero, demasiado absorto en sí mismo, no sabe o no quiere interpretar como lo que son: réplicas de burla contenida. El barbero refiere su historia personal con una mezcla de complacencia y patetismo involuntario. Su padre ejerció un cargo lucrativo en Ultramar y regresó cargado de escrófulas, enfermedad que transmitió a la madre y que esta llevó a la tumba. El padre, hombre liberal, murió de un tiro en la Plaza de la Cebada durante la revolución de 1854. Huérfano y sin recursos, el protagonista se dedicó al «arte» de la barbería, oficio que desempeña en la afamada peluquería de Prats, en la calle del Carmen de Madrid, donde acude lo más granado de la sociedad capitalina: literatos, políticos, toreros y músicos. Esta circunstancia le permite al barbero presumir de tratar de tú a tú a Benito Pérez Galdós —a quien llama familiarmente «Benito» y cuya barba afirma afeitar en exclusiva—, a Adelardo López de Ayala, a Campoamor y al torero Lagartijo, entre otros. Sus afirmaciones sobre estas amistades rozan lo inverosímil y el lector percibe de inmediato que son fantasías de un hombre que confunde el contacto físico propio del oficio con la intimidad social y la camaradería intelectual. El núcleo ideológico del relato es la superioridad que el barbero atribuye a Madrid sobre cualquier ciudad de provincias. El Sardinero le parece un paraje rústico, pintoresco en el mejor de los casos, pero incomparable con el Paseo del Prado, la calle de Alcalá o los salones de la capital. Cuando elogia la localidad costera lo hace con una condescendencia que lo retrata: «para una provincia, no puede pedirse más», dice, como si concediese una gracia. Hasta el tranvía local le merece comparación desfavorable con el de Madrid. Paradójicamente, el barbero admite que en la playa se siente casi como en el Prado porque todos los bañistas son madrileños, pero esa misma constatación le produce melancolía: el mar y los peñascos no pueden competir con el «vaivén de sociedad» de la capital. El personaje se define a sí mismo como «artista», término con el que en el siglo XIX se designaba coloquialmente a quien ejercía un oficio manual considerado de cierta destreza o inspiración. Pereda utiliza esa denominación con ironía precisa: el barbero la emplea para igualarse a los verdaderos artistas y literatos que frecuentan su establecimiento, sin advertir que entre él y ellos media un abismo social y cultural que su verborrea no puede salvar. El cuento es, en ese sentido, una sátira del pequeño burgués urbano que confunde la cercanía física con la pertenencia social, y que desprecia lo provinciano desde una posición que él mismo cree elevada pero que el lector reconoce como igualmente mediocre. El cliente, que casi con seguridad pertenece a la burguesía local o es un veraneante culto, ejerce de contrapunto silencioso. Sus intervenciones son mínimas pero letales: señala contradicciones, devuelve al barbero a la realidad con una sola frase y al final se despide con una recomendación irónica de que se alivie de las escrófulas. El barbero no capta el sarcasmo y se despide con efusión, repitiendo sus señas de Madrid para que el cliente lo visite. Pereda, escritor profundamente enraizado en Cantabria y crítico del centralismo madrileño, construye en este breve relato una defensa implícita de lo regional frente a la arrogancia de quienes consideran Madrid el único lugar civilizado de España. La sátira no es agresiva sino costumbrista: Pereda se limita a dejar hablar al personaje, sabiendo que su propio discurso es su mejor retrato. «Un artista» es un ejercicio de caracterización mediante el habla —con sus vulgarismos fonéticos, sus laísmos, sus anacolutos y sus hipérboles— que anticipa técnicas del realismo posterior y que encaja perfectamente en la tradición del artículo de costumbres inaugurada por Larra y continuada con distinto signo ideológico por los escritores regionalistas de la Restauración.

By José María de Pereda · First published 1877 · Genre: Satire, Realism, Character Study · 2,395 words

First lines

-- Gusta usted que le sirva, cabayero?

-- Sí, señor.

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realismo · novela · siglo XIX · literatura española · vocación artística · conflicto personal · sociedad · familia · tradición · ambición · pasión · sacrificio

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