Explore "El marqués de la mansedumbre" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Llegó á los cincuenta años sin haber salido de Madrid y sus contornos. / El Retiro, la Virgen del Puerto, y á lo sumo el Pardo, eran para él las / mayores espesuras y fragosidades de la Naturaleza. El mar podría tener, / en cuanto alcanzase la vista, diez, veinte. hasta cien estanques como / el _Grande_, si se quería. Estanque más ó menos, ¿qué más daba? Del / Manzanares al Saja, ó al Deva, ó al Ebro, ó al Guadalquivir, habría la / diferencia de algunas cántaras de agua en verano; en invierno, ninguna. / En cuanto á praderas, no serían más verdes ni más extensas las del / Norte que las que contemplaba él desde el cerrillo de San Blas cuando / el trigo comenzaba á crecer. La temperatura estival de la corte no le / afligía gran cosa, porque, además de estar formado en ella, no conocía / otras más agradables.
Por lo cual, y sin mujer que le pidiera veraneos, y sin hijas que / exhibir en las provincias, metódico y rutinario, amén de enemigo / irreconciliable de toda lectura que á viajes y á novelas transcendiese, / ni una sola vez sintió la tentación de meterse en alguna de las / diligencias que salían de Madrid á varias horas y por todas las puertas / de la villa, durante el verano, entre muchedumbres de curiosos que / envidiaban la suerte de los pocos mortales que abandonaban aquel / asadero implacable, y eso que él era uno de los curiosos. Antes al / contrario, se compadecía de aquella carne embutida entre los cuatro / inseguros tableros de la diligencia; carne cuyo destino era harto / dudoso, considerando los riesgos que afrontaba, echándose á rodar por / cuestas y desfiladeros, durante media semana, y á merced de bestias y / mayorales. ¡Cuánto más higiénicos y menos arriesgados eran los paseos / matinales que él se daba por los alrededores del estanque de las / Campanillas; ó vespertinos, junto al pilón de la Fuente Castellana!