Explore "El nombre de la rosa" by Umberto Eco on Textopian. Read with annotations and highlights.
Donde pocas horas de mística felicidad son interrumpidas por un hecho sumamente sangriento.
Símbolo unas veces del demonio y otras de Cristo resucitado, no existe animal más mudable que el gallo. En nuestra orden los hubo perezosos, que no cantaban al despuntar el sol. Por otra parte, sobre todo en los días de invierno, el oficio de maitines se desarrolla cuando aún es de noche y la naturaleza está dormida, porque el monje debe levantarse en la oscuridad, y en la oscuridad debe orar mucho tiempo, en espera del día, iluminando las tinieblas con la llama de la devoción. Por eso la costumbre prevé sabiamente que algunos monjes no se acuesten como sus hermanos, sino que velen y pasen la noche recitando con ritmo siempre igual el número de salmos que les permita medir el tiempo transcurrido, para que, una vez cumplidas las horas consagradas al sueño de los otros, puedan dar a los otros la señal de despertar.