Explore "La opinión ajena" by Eduardo Zamacois on Textopian. Read with annotations and highlights.
La tarde transcurrió sin incidentes; Perea continuaba aplicándose los fomentos de harina de linaza, y ordenó que le trajesen un poco de yoduro.
Ya de noche, el boticario fue a visitarle; su figura alta, barrigona y dulce, complació al enfermo, que empezaba a aburrirse de que le dejasen tan solo. Don Cándido disculpó su tardanza en venir; llevaba tres días sin pisar la calle, porque su hijo había necesitado ir a Ciudad Real y la farmacia no podía quedarse sola.