
Don Higinio Perea, próspero labrador de Serranillas que ronda los treinta y seis años, despierta una mañana de otoño descontento con su cuerpo abarrilado y con la mansedumbre de una vida sin sobresaltos junto a su esposa doña Emilia, su cuñada Teresita y sus tres hijos. Ese mismo día se entera de que le ha tocado un segundo premio de la lotería, cien mil pesetas repartidas a medias con su amigo el médico don Gregorio Hernández, y el pueblo entero, desde el cura don Tomás Murillo hasta el peluquero Nicanor, celebra la noticia. Empujado por su mujer y sus amigos del Casino, entre ellos don Cándido el boticario y Julio Cenén, decide emprender un viaje a París para comprar un abrigo de pieles y otros encargos, y toda Serranillas, incluido el mozo de estación Juan Pantaleón, le despide como a un héroe. En el tren hacia Francia, don Higinio vive un episodio cómico con una viajera francesa y unos estudiantes alemanes que termina en una bofetada equívoca. Instalado en el hotel de los Alpes de París, se deja guiar por el intérprete Francisco y descubre la ciudad con fascinación provinciana. Cae en sucesivas decepciones amorosas: es estafado por la falsa mendiga madame Berta, robado por la prostituta Leopoldina, y finalmente mantiene relaciones pagadas con la señorita Enriqueta, de quien se entera después que es en realidad la amante del propio Francisco. Presencia también la muerte accidental de la camarera Luisa Soucy, caída de un balcón por vanidad ante sus compañeras. Tras casi seis meses de estancia, cargado de regalos y baúles, don Higinio regresa a Serranillas, donde es recibido con el mismo entusiasmo con que partió. Sin embargo, ya no logra adaptarse del todo a la vida pueblerina: añora el lujo y el anonimato parisinos, se vuelve melancólico y solitario, y empieza a exagerar ante sus amigos la duración y las aventuras de su viaje. La llegada de una compañía de acróbatas, y en particular de la joven trapecista Liana Debreuil, reaviva sus fantasías de escape y provoca los celos de doña Emilia, mientras el secretario Julio Cenén, más audaz que él, consigue iniciar un amorío con la artista que se convierte en comidilla pública del pueblo.
By Eduardo Zamacois · First published 1913 · Genre: Realistic Fiction, Psychological Fiction, Character Study · 12 chapters · 128.349 palabras
Contra su costumbre, aquella mañana don Higinio Perea se levantó tarde. Le despertaron las nueve argentinas campanadas del reloj del recibimiento, el testarudo piar de los pollitos que correteaban por el patio, entre el verde terciopelo de las macetas, y el rayo de sol otoñal tendido en la penumbra del dormitorio como un florete de similor. Por dos veces don Higinio bostezó ruidosamente; después encendió un cigarrillo, y mientras fumaba acarició la posibilidad de que le hubiese tocado la lotería. Luego, ágilmente, saltó fuera del lecho, ciñose unos raídos calzones, deslizó sus pies desnudos en unas pantuflas amarillas y, chancleteando, aproximose al armario de luna. A pesar de la holgachona indulgencia con que cada individuo a sí propio se reconoce y aprecia, su talle carnoso, demasiado esferoidal para la cortedad de su estatura, no le satisfizo. La grasa le aviejaba; treinta y seis años había cumplido en agosto y representaba cuarenta. Era pescozudo, ancho de espaldas, rollizo de brazos y de piernas; y además, el vientre, aquel vientre duro, redondo, dilatado por el trajín expansivo de las digestiones laboriosas, abandonado siempre a sí mismo en la amplitud cómoda de los pantalones sujetos con tirantes.
La opinión ajena figura en Textopian como novela de Eduardo Zamacois, con fecha de 1913 d. C.
Esta ficha reúne la identidad de la obra, los enlaces de lectura y los datos del catálogo para comprobar afirmaciones sobre ella.
España · París · novela · vida provinciana · viaje · lotería · descontento · ilusión · desilusión · matrimonio · sociedad pequeña · ironía