Explore "La silla del águila" by Carlos Fuentes on Textopian. Read with annotations and highlights.
Amo mío, mi peloncito de oro, mi huevo salado, dime nomás si a mí me va a importar escribirte cartas si no he hecho otra cosa desde que nos hicimos novios y tuve el cuidado, ahora más que nunca, amorcito, de no mencionar tu nombre santo. Tú lo sabes: quiero que un día, pasado mucho tiempo, sí, descubran en el baúl de mi abuelita yucateca el paquete de mis cartas de amor, que para entonces ya no serán cartas de casada infiel, sino de apasionada y romántica amante, que es exactamente lo que soy para ti, mi panzoncito pelón, mi peor-esnada dirán las malas lenguas porque no conocen tu buena lengua tan sabrosa, larga y templada cuando me recorres a besos mi cuerpo ideal de Venus alabastrina, como acostumbras llamarme… Pero basta de placeres, amorcito anónimo, y vamos a lo que te truje, que es la cercanía cada vez mayor de la intrigante MR con tu rival el secre BH.
A veces te pasas de bueno, cariño santo, y por tu lealtad al P no miras a quienes quieren hundirte pintándote como un lambiscón sin escrúpulos. Esa es toda la tirada de la parejita infame, hacerte aparecer como un ambicioso lameculos sin moralidad cual ninguna que se aprovecha de la cercanía del P para escalar y llegar a ser, tú también, P en la siguiente vuelta. Porque no nos hagamos pes, mi querido T, ya pasó el tercer año del "periodo" (y no me refiero a mis divinas hormonas) y lo único que importa en P es la sucesión del P.