Explore "Tokio al correr del kuruma" by Rodolfo Mata on Textopian. Read with annotations and highlights.
Escribo estas líneas desde la terraza de la Casa de té de los Lotos a orillas de la Shiba, la ciudad mística y fúnebre. Son las cuatro de la tarde, pero la luz de un día nublado descendiendo desde las frondas de las gigantes criptomerias finge un crepúsculo verde y azulado como si en la atmósfera flotara un polvo finísimo de esmeraldas y turquesas. Bajo el barandal de bambú se extiende el lago sobre el cual, como las prehistóricas habitaciones lacustres, la casa de té está construida. En el lago triunfan los lotos ensanchando sus enormes hojas y levantando de trecho en trecho la maravilla, el prodigio de sus flores! Los botones como grandes huevos de marfil se asemejan a nuestras magnolias tropicales, pero la flor que ha reventado en una luminosa explosión de blancura, no es comparable a nada!. Es ella, es única, es la flor de loto; la rosa mística de las religiones orientales, la flor milenaria de cuyo cáliz suntuoso emerge el divino Buda! La flor de loto irradia blancura, exhala luz. Si la luna se desgajara, destrozada por un sideral sacudimiento, sería una flor de loto.
Todas, casi todas las flores elevan un ovo de marfil o ensanchan una copa de alabastro. Pero como si para hacer valer aquella eucarística blancura se necesita una nota de contraste, algunas flores sangran misteriosamente, con la luminosa púrpura de una luz de bengala!