Explore "Montes de Oca" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Antes de terminar Octubre, ya estaba Ibero de nuevo en Madrid, hastiado del viaje de regreso, igual al de ida en aburrimiento y monotonía, sin más diferencia que la producida por el estado atmosférico, pues si le achicharraron en verano los calores, en otoño las pertinaces lluvias le mojaron y refrescaron más de lo que quisiera.
Fue casi todo el camino en la custodia y acompañamiento del General Espartero, viéndose obligado a presenciar unas cuarenta ovaciones en pocos días. Habríale gustado dar convoy a la Reina y a su hermanita; pero casi todo el camino fueron una o dos jornadas por delante, con su lucido acompañamiento de damas, caballerizos, escolta y numerosísima servidumbre. Sólo en la subida de las Cabrillas las vio y fue junto al regio coche un buen trecho. Por cierto que iban las dos niñas muy monas, picoteando con las damas que ocupaban la delantera, y dirigiendo a cada instante su voluble atención con juguetona risa hacia toda novedad de cosas o personas que hallaban en el camino. Por cierto que se fijaron en el Coronel, y aun le hicieron un poquito de burla, porque habiéndose interpuesto unos gitanos que bajaban el puerto con media docena de jumentos, se desorganizó un tanto la marcha de coches y jinetes. Ibero trató de restablecer el orden, arreó latigazos a los borricos, y la gitanería defendió su derecho al camino con graciosos denuestos. Tal incidente fue muy del agrado de las niñas, y la incomodidad de Ibero, no proporcionada quizás al motivo del lance, les hizo mucha gracia.