Explore "Juan Martín el Empecinado" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Más allá de Odón nos cogió la noche, y Sardina, permitiéndose descansar en un ventorrillo que a la entrada del lugar estaba, juntó alrededor de una mesa a cuatro o cinco oficiales, entre los cuales tuve el honor de encontrarme. Tratábase de ver qué gusto tenía una torta y un zaque de vino aragonés ofrecida al jefe por unos honrados labriegos de Odón. Sardina, dando rienda suelta a su humor festivo, reía de todo, de los franceses, de los empecinados, del pastel y del vino, que eran de lo peor. Mosén Antón golpeaba con la palma de su manaza la mesa, alzábase el gorro hasta la corona, para calárselo después hasta las cejas; escupía, hablaba palabras no entendidas, hasta que interpelado bruscamente por su jefe, se expresó de este modo: - Ya veo claro que se desea deslucirnos.
-¿Cómo deslucirnos? - Esta división debió marchar delante picando la retaguardia a los franceses - exclamó Trijueque, echando fuera del cráneo casi todo el globo de los ojos . Usted no ve estas cosas; usted tiene una frescura, una pachorra. Si yo fuera jefe de la división, al ver que me dejaban a retaguardia con intento manifiesto de deslucirme y oscurecerme, habría roto la espada y retirádome de este ejército.