Explore "El Terror de 1824" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
La primera noche de su encierro D. Patricio y su compañera de cárcel no durmieron.
La prisión no pecaba ciertamente de estrecha; pero en luces competía con la noche absoluta, siendo difícil asegurar quién llevaba la ventaja, si bien al filo del medio día parecía vencer la cárcel a su rival a causa de ciertas claridades que se entraban por el enrejado ventanillo, temerosas y sobrecogidas de miedo, y embozadas misteriosamente en espesas capas de telarañas. Dichas claridades recorrían con pasos de ladrón el techo y las paredes, miraban con cautela a los negros rincones y al piso, y a eso de las dos o las tres volvían la espalda para retirarse dejando la fúnebre pieza a oscuras. Dos sillas, una tarima pegada a la pared y una mesa constituían el mísero ajuar. Los ladrillos del suelo respondían siempre a cada pisada de los presos con un movimiento de balanza y un sonido seco, señales ciertas de su disgusto por verse molestados en su posición horizontal. Seguramente ellos, como toda la casa, habrían vuelto con gozo a poder de los Padres del Salvador, sus antiguos dueños, hombres pacíficos que jamás lloraban, ni hacían escándalos, ni pateaban desesperadamente, ni pedían a gritos que los sacaran de allí.