Explore "El Terror de 1824" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Prolongábase el silencio de ambos cuando se abrió la puerta del calabozo y entraron dos personas: el carcelero y el padre Alelí.
Acostumbraba el buen sacerdote visitar a los presos para consolarles u oírles en confesión, y frecuentemente pasaba largos ratos con alguno de ellos hablando de cosas festivas, con lo cual se amenguaban las tristezas de la cárcel. Era el padre Alelí un varón realmente santo y caritativo: su bondad se mostraba en dos especies de manías: dar almendras a los muchachos de las calles y palique a los presos. Parecía que unos y otros eran su familia y que no podía vivir sin ellos.