Explore "De Cartago a Sagunto" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cediendo a los apremios de Chilivistra, que mostraba impaciencia febril, partimos en el primer tren del día siguiente hacia Logroño y Miranda. Al pasar por Calahorra no olvidó Silvestra sus preces por los santos patronos Emeterio y Celedonio, martirizados en aquella ciudad, y cuyas cabezas fueron hasta Santander navegando por el Ebro, el Mediterráneo y el Océano, en un barco de piedra. En Logroño, acordándose mi amiga de la prisión de su marido, formuló mirando hacia el pueblo este femenil apóstrofe: "¡Ah, pillastre! Más quiero verte vivo que muerto; más atado que suelto por esos mundos, llevándote a mi pobre hijo. Pero espérate un poco que ya te cogeremos, tunante. Te compraríamos por cinco mil duros si no supiéramos que habías de jugártelos en seguida".
Antes de llegar a la estación de Haro, tuvimos una detención de tres horas largas en medio de la vía, sin que nadie supiera por qué. Los viajeros, que entre unos y otros coches discurrían, hablaron de rotura de máquina. Después se dijo que no llegaríamos a Miranda. Un señor que entró en nuestro departamento porque en el suyo había demasiada gente, nos contó que las tropas liberales habían desalojado de La Guardia a los carlistas. Aquel buen señor, regordete, comunicativo y al parecer de ideas avanzadas, dijo después: "Portugalete está en poder de los carlistas. Ya se sabe que don Carlos ha repartido recompensas por ese golpe de suerte: a Dorregaray le ha hecho Teniente General, y a Cástor Andéchaga Mariscal de Campo. ¡Bonito se está poniendo esto! A Bilbao lo tenemos cercado de carcundas. ¡Ay, mundo amargo, yo que tenía que ir allá para mis negocios!. ¿Van ustedes por casualidad a Vizcaya? ".