Explore "Las Tormentas del 48" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
6 de Febrero.- Debo consagrar una de estas hojas, o un par de ellas, a las reuniones que da cada martes y cada viernes mi cuñada Sofía, bajo un régimen de confianza que excluye toda etiqueta enfadosa, y que tiene por norma: amenidad, buen gusto y versificación. Suelen concurrir los compañeros de oficina de mi hermano, con señora y niñas el que las tiene. De hombres importantes no he visto a ninguno de los que hoy dan que hacer a la fama. Ni Pastor Díaz, ni Donoso, ni González Brabo, han pisado hasta hoy aquellos salones. De literatos he visto a Rubí, sólo una noche, y varias a Navarrete, a Larrañaga, Antonio Flores, Ariza y el gracioso Villergas. Con arte y rigores de corsé consigue Sofía meter en cintura su deslavazado cuerpo y tener a raya las exuberancias que por las mañanas hemos visto salidas de madre. Esto, y el esmerado lavatorio de sus manos y pescuezo, y la compostura de la carátula, con algún retoque de colorete y abundantes polvos, le dan cierta dignidad majestuosa, que ella sabe realzar con su trato fino y amable. Es justo decir que en sociedad tiene Sofía el tacto de olvidar sus mañas de marisabidilla, evitando así la ridiculez que caería seguramente sobre ella. Limítase a exigir de los jóvenes concurrentes que lean versos tristes o declamen alguna llorona leyenda en prosa sobre asunto caballeresco. Alaba desmesuradamente toda poesía de moco y baba, o narración fatídica, vaticinando a sus autores que eclipsarán las glorias de Zorrilla o de Tula (con este familiar laconismo suele designar a la señora Avellaneda), y luego toca la vez a las señoritas de piano y solfa: rara es la noche que no tenemos Fantasía sobre motivos. y Cavatina de Beatrice di Tenda o de María di Rudenz.
Pero nada me divierte tanto a mí como el rincón de personas serias que dignifica la tertulia de mi hermano, cotarro que tiene su asiento en un gabinetillo próximo a la sala, y del cual son figuras principales D. José del Milagro, Ferrer del Río, D. Gabino Tejado, un muchacho muy listo llamado Santa Ana, un viejo de la tanda del año 23, llamado Muñoz; un D. Basilio Andrés de la Caña, a quien solemos llamar el sesudo por la gravedad de sus juicios, y otros cuyos nombres no recuerdo ahora.