Las Tormentas del 48 by Benito Pérez Galdós

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Entró mi hermano de la calle, y al punto que sentí sus pasos, le llamé y le dije: "Agustín, cuando quieras, puedes visitar a los señores de Emparán y pedirles para mí la mano de su hija María Ignacia. Mi determinación, claramente revelada por la firmeza con que la expresé, colmó de júbilo a mi hermano, que aturdido me dijo: '¡Ay, qué sorpresa tan grata me das.! Si te parece, voy ahora mismo. El llanto sobre el difunto, Pepe. ¡No vayas a arrepentirte!. Sí, sí, voy. Me pongo la levita nueva, el sombrero nuevo. Todo nuevo. ".

Entraba en aquel punto Sofía, que de labios de su feliz consorte oyó la noticia en el oscuro pasillo, y vino a mí con los brazos en cruz, y antes que yo pudiera zafarme, me cogió y estrujó contra el colchón de su exuberante pecho. Sentí en mi cuello y rostro la fofa blandura, el crujir de ballenas, y alguna de éstas me hizo daño. "¡Ay, mírame: se me saltan las lágrimas, Pepillo! ¡Qué bueno eres! No podías menos de rendirte a la razón, al justo medio de las cosas y al sentido práctico. Dispensa, hijo, que no te acompañe. Ahora mismo me vuelvo a la calle para llevar la noticia a los de la familia, a todos los amigos, todos, todos. Quiero que lo sepan, y que rabien. Alguno rabiará. Ya andan diciendo que tal y qué sé yo. ¿Pero no sabes una cosa? Ahora te lo digo a boca llena, porque si no te lo digo reviento. Extendida está ya la real cédula del título de Castilla que se concederá al Sr. de Emparán. Será regalo de boda del Gobierno a esa familia ilustre, firmísima columna del Trono y del Altar. Con que ya lo sabes: Marqués de Beramendi, y de no sé qué otra cosa muy sonada. Pues hasta luego: no quiero que nadie se me anticipe. Ese pelmazo de Agustín, que va a pedir la mano, no ha concluido de arreglarse. Voy a peinarle un poco las melenas, y a ponerle la levita bien ajustadita, para que no le haga pliegues en la espalda. ¡Ah!, se me olvidaba lo mejor, chiquillo. El título no se le concede a D. Feliciano, sino a María Ignacia. Mira si la cosa es delicada. Adiós, marquesito de Beramendi".

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