Las Tormentas del 48 by Benito Pérez Galdós

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12 de Junio.- Ayer empezó el día con un tremendo disgusto.

Presentóseme muy de mañana una mujer desgreñada y con aspecto de loca; rodeábala un enjambre de chiquillos de diferente edad, rotos y sucios, mocosos y famélicos. Era la esposa del buen Cuadrado, y a contarme venía un infortunio que para ella es como si todo el firmamento con estrellas grandes y chicas, y el Sol y la Luna, se le hubiese caído encima. El pobre D. Faustino, que movido del hambre más que del furor político, tuvo platónica participación en la trifulca de mayo, llevando recadillos y órdenes al cuartel del Hospicio, residencia del regimiento de España, había sido preso y llevado a San Francisco. Véase cómo: Una mañanita se presentó la policía en la casa, y sin más que un véngase usted con nosotros, se le llevaron. Creyó la pobre mujer que pronto le soltarían, como a tantos otros, por no poder probarles nada, y así se lo decía él cuando la infeliz mujer iba a llevarle la comida. "Pero ayer, ¡Cristo Padre! - prosiguió ella -, va una servidora al cuartel y dicen: '¿Cuadrado? Ya está en camino para el embarque'. ¡A Filipinas, Señor! Ya me le llevan, ya se fue, ya no volverá.". Y al decir esto la madre, rompieron los pequeñuelos en tan aflictivo coro de llantos y chillidos, que yo me vi precisado a llorar también.

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