La Incógnita by Benito Pérez Galdós — Read

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Emociones, más emociones. Ante todo, puedes llegarte a Zaragoza o venirte a Leganés, y mandar que me vayan preparando una jaula con los barrotes bien fuertes, porque estoy. ya lo irás viendo.

La entrevista segunda se verificó ayer en casa de la tía Serafina, que sigue muy mal. Augusta va todos los días a acompañarla. Yo fui también, sin citación previa, seguro de encontrármela allí y de que podríamos hablar sin testigos. Nos encerramos en un gabinete próximo al cuarto de la enferma, en ocasión en que no había allí médicos, ni enfermeras, ni visitas. ¡Qué bien! Forjeme la ilusión, al verme solo con ella y observar su actitud expectante, no exenta de recelo, que aquello era cita amorosa, en discreto lugar ignorado de todo el mundo. Lo primero que se me ocurrió fue cogerle la mano derecha y examinarle la muñeca, diciéndole: "¿Se te ha curado ya la quemadura?". Turbada retiró la mano, no sin que yo viese la señal de la heridilla no bien cicatrizada, y me dijo: "Hemos convenido en que has de ser discreto, y no hacer ni decir tonterías. ¿Qué significa, grandísimo simple, esa estúpida sospecha? ¿Acaso te ha cabido en la cabeza que yo me magullé la mano en una lucha.? Claro, como que soy asesina, y he tenido que sujetar a la víctima para. ".

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