Explore "La Incógnita" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Vengan esos cinco, Equis de mis entretelas. El espíritu de tu amigo no se dejará dominar de la maleza estúpida que le amenazaba, y cuyas primeras manifestaciones pudiste colegir de mis cartas precedentes. Ha surgido en mí una energía medicatriz, que de la noche a la mañana me regenera, atiesando mi voluntad, mi ser todo, dándome noción cierta de la ridiculez de mi enfermedad.
Ello ha sido de una manera súbita: me levanté un día con ganas atroces de reírme de mis sandeces amorosas, y me reí, sorprendiéndome mucho de verme objeto de mi propia burla. La naturaleza moral, como la física, tiene estas bruscas remisiones, victorias rápidas que la vida alcanza sobre la muerte, y la razón sobre el principio de tontería que en nosotros llevamos. Bastome aplicar algunos esfuerzos mentales a esta acción interna, para verla crecer y hacerse dueña al fin de todo el campo. No tardé en ver las cosas con claridad, y en notar lo inconveniente de que se rompa la relación armónica que cada individuo debe guardar con su época. Augusta no dejó de parecerme tan interesante y bonita como antes; pero al propio tiempo comprendí que no debía apasionarme como un cadete, ni devanarme los sesos como un seminarista descarriado, sino plantarme, esperando los sucesos con frialdad y mundología. El que tome por lo serio esta sociedad, está expuesto a estrellarse cuando menos lo piense.