La Incógnita by Benito Pérez Galdós — Read

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Sin esperar tu contestación, te encajo esta. Mira que me escarba en el magín, y más aún en la voluntad, la portentosa oración que ha de sacarme de la sosa esfera de la nulidad parlamentaria; mira que me disparo el mejor día y te avergüenzo, porque saben que eres mi mentor, y los dislates del discípulo recaerán sobre el maestro.

Consulté con mi padrino lo que a ti te consulto, y me dio un abrazo muy apretado, felicitándome por mi sabia resolución. Incitome a hablar contra el Gobierno, sin reparar que este me apoyó a raja tabla en la elección, sacándome por los cabellos de aquella misteriosa urna. Díjome que haciéndolo así prestaba un servicio a la sociedad, y favorecía los principios eternos contra lo transitorio y accidental; que nada es tan útil como los cambios de mandarines, para que el telón de esta comedia suba y baje muchas veces, hasta ver si el público se aburre y prorrumpe en la gran pita final. Augusta, que tales cosas oía, se indignó y tuvo una fuerte agarrada con su padre, diciéndole. "Hubieras sido ministro, serías por lo menos senador vitalicio si tuvieras más juicio, papá". Él lo tomaba con calma, recalcando la extravagancia como siempre que se le contradice. De palabra en palabra, en la tertulia de sobremesa, la conversación pasó de la política al arte, y Cisneros se despachó a su gusto, sosteniendo delante de su hija, de Villalonga (el célebre Villalonga ¡qué tipo!) y de mí, que no puede existir el Arte verdadero en los países organizados, donde hay Justicia y Policía, instituciones esencialmente enemigas del numen artístico. Pon atención a esto: "El genio de Shakespeare floreció en medio de la dramática barbarie inglesa del siglo XVI, como las artes italianas en medio del elegante desconcierto de las repúblicas florentina y genovesa, y de las guerras civiles desde el XIV al XVI, en aquellos tiempos pintorescos, anárquicos, de pasiones sin freno, igualmente propicios a la santidad y al crimen, al ascetismo y al homicidio, tiempos en que el derecho público llegó a tener por ley el veneno y el dogal, y se creó la diplomacia de la traición. La frecuencia del asesinato fomentaba en el pueblo la idea del desnudo, la Iglesia protegía las humanidades, y el paganismo resucitaba en el propio regazo de los Papas. César Borgia personifica esa época gloriosa, y cierra el periodo de florecimiento artístico, en el cual caben todas las ideas activas que pueden inflamar la mente de los pueblos. Entre la moral austera de Dante y las licencias de Bocaccio, hay una extensión, un campo inmenso y fecundo en que nacen las flores más bellas de la vida humana. Entre el místico Giotto y el aventurero Benvenutto Cellini, se encierran todos los desarrollos de la belleza corporal, base del arte pictórico". Y por aquí siguió deslumbrándonos y confundiéndonos. Su hija le rebatía, como si dijéramos, a puñados, y aunque no estaba muy fuerte en la historia de César Borgia, sostuvo que era un sinvergüenza. Luego soltó varias herejías, hablando pestes del Giotto, de fra Angélico y de todos los pre-Rafaelistas, y diciendo que no daría dos pesetas por ninguna de las tablas del siglo XV ni por la mayor parte de los cuadránganos religiosos que llenan aquella casa. Cisneros llamó a su hija tonta e ignorante, y le dio muchos besos. Así acaban siempre sus reyertas.

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