Explore "La Incógnita" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Árnica, venga árnica, querido Equis, porque descalabradura como esta no la he recibido desde que tengo cráneo. Y gracias que, con la fuerza del golpe, no haya perdido el sentido y pueda contarte el terrible accidente, y describirte mi turbación, mi pena, mi despecho, mi rabia. Ya te veo muerto de risa, y diciendo que bien ganado me lo tengo por mi depravación, por mi inmoralidad, por mi. El demonio cargue contigo.
Acepto la reprimenda. Somos, en efecto, unos bribonazos los hombres de este siglito, aunque, si examinamos la condenada historia, veremos que tan pillines como nosotros fueron nuestros padres y abuelos y tatarabuelos hasta el señor de Adán, y si es verdad lo del transformismo, añadiré que lo mismo que nosotros fueron el hombre-mono y la mujer-mona.