Explore "La Incógnita" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Pues señor, hoy pensaba continuar el retrato del buen Orozco con datos y observaciones nuevas de grandísimo interés; pero cátate que salta un asunto del cual no puedo menos de darte noticia sin tardanza, y a ello voy. Nuestro amigo Federico Viera es el rigor de las desdichas. ¿Recuerdas la descripción que te hice de su casa, de su hermana, del abandono indecoroso en que esta vivía? Pues las consecuencias que yo me temí, y que te anuncié, no se han hecho esperar. Hace pocas noches, acompañando yo a Federico hasta su casa, entre una y dos, sorprendimos a un joven que del portal salía. Federico le echó mano al pescuezo.
¡Qué escena, chico, tan desagradable, y al mismo tiempo, no sé por qué, tan graciosa!. En fin, que según lo que Viera me había dicho poco antes del fatal encuentro, el agredido es novio o pretendiente de Clotilde, por más señas, honrado hortera de una tienda próxima. Aquello habría concluido mal sin mi intervención y la del sereno, pues nos costó trabajo librar al infeliz amante de las garras del hermano de su ídolo. Pero no pararon aquí las cosas. Escucha lo mejor: ayer la mosquita muerta desapareció de la casa, dejando una carta para su hermano, en que le anunciaba su resolución de casarse (mira si tiene alientos la niña), añadiendo que se halla depositada judicialmente en casa de la viuda de Calvo, señora respetable, muy amiga de los Viera y también de los Orozco, y que al amparo de dicha señora esperaba el permiso pedido a su padre para verificar el matrimonio. No puedes figurarte la ira de nuestro pobre amigo ante este arranque de su hermanita, a quien creyó toda sumisión y apocamiento. Lo de siempre, amigo Equis. La autoridad arbitraria no se entera de que los oprimidos tienen alma, hasta que no les ve levantarse y sacudir el yugo por los medios que están a su alcance.