Explore "La Incógnita" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Gordas y frescas, amigo Equis. La hermana de Federico, la gran demócrata y revolucionaria, se casa con su querido hortera, realizando así el soñado ideal de la concordia de las clases, de la reconciliación del pasado con el presente. ¿Qué tal? Ahí tienes a la señora realidad haciendo muy calladita lo que escribís en vuestros libros y otros dicen en sus discursos. Yo te pregunto: ¿Precede la idea al hecho o el hecho a la idea? Pero dejémonos de averiguaciones, y vete enterando de la realidad. El chico que ha venido a entroncar su humilde nombre con el de los Vieras y Gravelinas, pertenece a una de esas honradas familias mercantiles, oriundas del valle de Mena, la verdadera antesala de la calle de Postas. Le llaman Santanita, y es simpático, de cara inteligente, guapín, modesto. Ha ido a suplicarme que intercediera con el señor de Orozco para obtener la plaza de tenedor de libros en una casa de banca, y te aseguro que me interesó aquel humilde representante del estado llano, que se abre paso, a codazo limpio, entre la turbamulta social.
Por lo poco que hablé con él, me pareció uno de esos caracteres que, bajo la capita de modestia, ocultan una voluntad decidida para marchar impávidos hacia su objeto. Sabe arrimarse a los que pueden serle útiles; no pierde ripio, y olfatea donde guisan. La chica está depositada en casa de la viuda de Calvo (no la conoces, ni hace al caso), señora de campanillas, a quien el padre de Santanita sirvió de administrador, mayordomo o no sé qué. Ha venido a menos y vive de una pensión que le da Orozco. Ya sabe ese pillo de Santanita a qué árbol se arrima. Me ha dicho Tomás que no podía hacer nada por él; pero algo hará, tú lo has de ver.