Explore "La Incógnita" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Yo no sabía lo que me pasaba, al recorrer en coche, con el juez, escribano y médico forense, la distancia entre el juzgado y el depósito. Los pensamientos que durante aquel viaje lúgubre asaltaron mi mente, querido Equis, no puedo ni debo comunicártelos, al menos todavía. Yo debí de preguntar a Calderón si nuestros amigos tenían ya noticia de la ocurrencia, porque él me dijo que Augusta se había puesto mala de la terrible sorpresa, y que al punto telegrafió a su marido, el cual se fue el día 1.º por la tarde a las Charcas en compañía de Malibrán y de no sé quién más. Indicome también que Clotilde no sabía una palabra, que probablemente Orozco se encargaría de darle la noticia cuando viniese.
No sé qué más me dijo, porque yo no me enteraba claramente de nada. A veces creía soñar; ansiaba llegar pronto, y a ratos lo temía; y cuando estuvimos cerca del Puente de Toledo y el juez señaló el vulgar edificio del Depósito, sentí tal pánico, que por punto no me volví atrás. Me enfadaba que el forense, un viejo rígido y seco, sordo, completamente insensible ya, por su larga práctica, a las emociones de estos dramas judiciales, estuviese tan tranquilo, y nos contase con la mayor frialdad que en su dilatada carrera ha hecho dos mil y tantas autopsias. Me infundía horror y lástima aquel sujeto, cuya inteligencia no desconozco y cuya serenidad ante estas catástrofes he admirado al fin.