Explore "La Incógnita" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Sigo la de ayer, que aunque bastante larguita y pesada, iba incompleta. Contábale yo a mi tío alguna de las desatinadas hipótesis que había oído, cuando entró Malibrán. Comprendiendo yo que mi presencia les contrariaba y que querían hablar a solas, aparteme, y les vi de gran secreteo durante un mediano rato. No llegó a mis oídos ni una sola sílaba, ni intenté atraparla tampoco. Que hablaron del suceso de autos, era indudable. Malibrán se expresaba con la vehemencia oficiosa de una persona que, por propia iniciativa o por encargo, se ha impuesto la misión de arreglar un asunto de difícil compostura. Cisneros oía y como que dictaba un plan. Creí que después de esto, Cornelio saldría a la calle; pero no fue así. Mi padrino parecía cansado y soñoliento. Le dejamos en el sofá, y nos fuimos a un gabinete próximo, donde el diplomático se puso a ver carteras de estampas. Yo hice lo mismo, y trabamos conversación, empezando él por darme un curso instructivo de Alberto Durero, Lucas de Leyden, Holbein y otros maestros, y te confieso que le oía con gusto, porque se sabe al dedillo la historia del grabado en talla dulce y del agua fuerte, y la explica con amenidad y lucidez.
Cuando ya me pareció que habíamos hablado bastante de aquellas materias, metí el embuchado del tema que tratar quería, y le dije: "Vamos a ver, amigo Malibrán; usted, como todo el mundo, habrá formado su opinión sobre este lío. Dígamela usted con sinceridad, si no es indiscreción el desear saberla".