Explore "Bodas Reales" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Ya desde aquella noche fue de mal en peor la inválida señora, y ni Lea con su dulce autoridad, ni Gavilanes con su grave discurso, pudieron contener el desorden de aquella moribunda inteligencia. «Mira lo que te encargo -dijo por la mañana a la Maritornes, tomándola por Lea-: en cuanto llegues a Peralvillo, lo primero que haces es enterrarme. pero ello ha de ser en el soto de Claveros, para que yo tenga sobre mi corazón todo el día las patadas de mis ovejitas. A Perantón que no deje de echar el mosto en el sombrero de Bruno, que bien tendrá cabimento de siete tinajas de las grandes. Tú te vas en la burra de la Tomasa, y yo, como alma que soy, iré. ya lo sabes, en el coche-estufa de Palacio, ese que dice Cristeta es todo de carey y nácaras; el cochero lleva en la mano la bandera de la Mancha, que es el pañal en que envolvimos a Isabel el día en que la tuve.». Una hora después, hablando con Gavilanes, en quien veía la persona de Eufrasia reducida de tamaño, le dijo: «¡Vaya unas horas de venir a casa, niña!. ¿Y dónde has dejado a Francisco?. Él y tú estáis un par de cañamones buenos. No levantáis media vara del suelo. ¿Le has dejado en Palacio, o le traes metidito en el ridículo, entre algodones?. Dios os bendiga y prospere vuestro casamiento. Pero a mí no me pidáis que os eche el grito de ¡viva, viva!. Yo muero por vuestra causa, y os deseo un reinado tan chico como vuestras estaturas, y tan feo como la porquería que me has hecho, Eufrasia II, saliéndote a merendar con Terry, mientras yo descuidada platicaba de mis males con la señora monja, amiga de Cristeta. Vete de mi casa, y buen trono te dé Dios, blando como montón de cardos borriqueros. Adiós, hija; que reines y triunfes. De la boca me sale un flato. ¡ay!, en él te va la maldición de tu madre. que lo es.
Leandra Quijada.».