Los Ayacuchos by Benito Pérez Galdós — Read

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Trastornado, en efecto, parecía el buen Hércules. Su voz no era clara ni segura, ni sus ideas las de un hombre en perfecto equilibrio cerebral. «Vente conmigo -dijo a su compañero, cogiéndole por el brazo-, y sabrás lo que pasa. Sigue la broma del Destino, chico, y con tal furor desata los bienes sobre nosotros, que debemos apresurarnos a llegar al fin, antes que venga el estacazo. Démonos prisa. y nada de rezos por ahora. Tiempo habrá. Pues oye: acababas de salir para echarte a rodar en busca de la iglesia, cuando llegó a la posada un propio, mandado por nuestras damas.

-¡Jesús!. ¿Y no se han muerto?

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