Explore "La Revolución de Julio" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Estupor, miedo, risa causó en María Ignacia la revelación de las inauditas aventuras donjuanescas de nuestra venerable amiga Domiciana. ¡Cuán verdadero es que en visita toda persona nos parece juiciosa y de intachable moral! Conocíamos a la monja Boticaria por haberla recibido en nuestra casa más de una tarde, en compañía de Victorina Sarmiento, antigua relación de los Emparanes. Nos había cautivado la conversación amena, el delicado gracejo de la buena señora, y sus felices ocurrencias expresadas con la dicción más pura, dentro de los términos más decorosos. Encantados la oíamos todos los de casa, y ausente, consagrábamos a su recuerdo alabanzas salidas del corazón. Referíanos episodios del claustro, ridiculeces ingenuas de algunas monjas, poniendo en sus relatos toda la sal compatible con la piedad y el respeto de la religión; y si nos hablaba de tipos y escenas palaciegas, hacíalo con exquisito comedimiento, sin que el menor roce de su lengua, siempre muy pulcra, empañara nombres ni manchara reputaciones, aun las más equívocas. ¡Quién nos había de decir que aquella simpática jamona, todavía fresca, más graciosa de palabra que de hocico, divierte sus ocios de exclaustrada en cacerías y robos de hombres guapos! ¡Qué cosas se ven, y cuán caprichosas, en su inmenso reino, son la flora y la fauna del vivir humano! ¡Qué infinita variedad de formas, qué extravagancia en algunas, qué sencillez elemental en otras! Llamamos original a lo que vemos por primera vez, y nuevo a lo viejo que no conocíamos. Todos los casos morales tienen la misma edad, como los tipos vegetales. La Naturaleza lo inventó todo de una vez, y ya no inventa; no hace más que combinar las ocasiones y escenarios en que nos descubre sus secretos: así llamamos a lo que, después de visto por millones de ojos en cien generaciones, pasa ante los ojos nuestros.
Tan pronto risueña como asustada, mi cara esposa expresaba de este modo sus turbadas ideas: «Me da miedo el descubrimiento de acciones tan contrarias a lo que hemos visto y creído. Con tales sorpresas acabaremos por dudar de todo. ¡Vaya con doña Domiciana! Necesito que pase algún tiempo para formar un juicio claro de esa mujer. Lo que es ahora, no puedo decirte con verdad si se empequeñece o se engrandece a mis ojos.