España Trágica by Benito Pérez Galdós — Read

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Al tener que referir el cómo y cuándo recibió Halconero la carta, y dónde fue a leerla con el curioso manuscrito que contenía, la Historia, más pudibunda y remilgada en aquel caso que en otro alguno, se tapó la cara y disfrazó su voz para que no se la tuviese por persona de baja ralea. A su parecer, era grande ignominia que aquel documento, digno de ser guardado en el relicario de Simancas, pasase a lugares profanos que envilecen todo lo que en ellos entra. La narradora de los grandes hechos humanos no tuvo reparo en decir que la costurerilla encontró a don Vicente saliendo de su casa; que le entregó la carta en la misma puerta, y que el galán, guardándola cariñosamente en el bolsillo del pecho, se lanzó al laberinto de calles y callejuelas; pero, dicho esto, se negó rotundamente a puntualizar y describir el sitio adonde fue a parar con su cuerpo el hijo de Lucila.

Digna de respeto es la gazmoñería de la sabia Matrona. Por conducto más abajo se sabe que Halconero dio fondo en un gabinete exornado de frescachonas láminas al cromo, de panderetas y pasajes taurinos, y que a su vera se puso una linda muchacha rubia, la cual con gozosos modales y tiernas voces celebraba su presencia. Sábese también que por el camino, desde la calle de Segovia a la mansión X, la curiosidad y el amor le impulsaron a romper el sobre de la carta. Lo abultado de esta le había puesto en gran inquietud. Enterose rápidamente del contenido, y con propósito de leer despacio al volver a su casa, metió la esquela y papel adjunto en el bolsillo interno de su levita. Lo que ocurrió en la entrevista con la ninfa de cabellos de oro, no se narra. La Historia está presente, y vuelta de cara a la pared para no ver nada, recomienda con bronca voz la total omisión de lo que allí se ve y se oye. Al terrible veto escapa alguna frase aguda, que sale volando como ágil mariposa o pajarita: «Por mi salud, que estoy contenta. Y tú, ¿qué tienes? ¿Por qué está mi nene tan pensatibiribiris?.».

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