Explore "O'Donnell" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
No vuelve a mentar Clío a nuestro buen Centurión hasta la página en que nos cuenta la entrada de Espartero en Madrid, por la Puerta de Alcalá, entre un gentío loco de entusiasmo, que le bendecía, le aclamaba y le llevaba medio en vilo con coche y todo. A pie iba Centurión junto a la rueda trasera, puesta la mano en la plegada capota, dando al viento, con toda la violencia de su voz estentórea, los gloriosos nombres de Luchana, Peñacerrada y Guardamino, emprendiéndola luego con la Libertad, la Soberanía del Pueblo y otras invocaciones infalibles para enardecer a las multitudes. El caudillo de los patriotas, cuando los vaivenes del océano de personas detenían el coche en que navegaba, se ponía en pie, sacaba y esgrimía la espada vencedora, y soltando aquella voz tonante, sugestiva, de brutal elocuencia, con que tantas veces arrastró soldados y plebe, lanzaba conceptos de una oquedad retumbante, como los ecos del trueno, con los cuales a la turbamulta enloquecía y la llevaba hasta el delirio. Reaparece luego Centurión cuando Espartero y O'Donnell se dieron el célebre abrazo en el balcón de la casa donde fue a vivir el primero, plazuela del Conde de Miranda. Detrás de los dos Generales invictos se veía, entre otros paniaguados, la imagen escueta de Centurión, derramando de sus ojos la ternura, de sus labios una alegría filial, dando a entender que allí estaba él para defender a su ídolo de cualquier asechanza. Cuenta la Musa que el buen señor se constituyó en mosca de don Baldomero, acosándole sin piedad a todas horas, hasta que su pegajosa insistencia logró del caudillo el anhelado nombramiento en la Obra Pía de Jerusalén.
Daba gusto ver la Gaceta de aquellos días, como risueña matrona, alta de pechos, exuberante de sangre y de leche, repartiendo mercedes, destinos, recompensas, que eran el pan, la honra y la alegría para todos los españoles, o para una parte de tan gran familia.