Explore "O'Donnell" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
«Han ido de campo con la señorita Valeria, y no volverán hasta mañana por la noche -dijo la muchacha, acostumbrada ya, por su largo servicio, al bárbaro estilo del señor en sus ratos de ira. Preguntole después si quería acostarse, si almorzar quería, y añadió que si le molestaba el dolor de estómago, le haría una taza de la hierba que el señor quisiera. A todo contestó con formidable negativa, y con mandar a la moza que se fuera corriendo a semejante parte. Salió el Coronel de estampía, y de la fuerza del coraje sobre los nervios y de estos sobre otras partes del organismo, se le calmó el dolor. Bajando la escalera, rabioso, y aliviado hasta sentirse bien, pensó que no debía pedir descanso al Ministro de la Guerra. Era poco airoso y de mal gusto estar enfermo en día de combate. Cumpliría los deberes que el honor le imponía, y confiaba en la remisión del ataque por lo de similia similibus, o sea por la virtud de un enérgico berrinche.
Dos horas después entraba en Madrid y se acuartelaba en San Francisco el Regimiento mandado por Villaescusa. Este se puso al frente. Algunas horas de descanso en el cuarto de banderas le aseguraron, al parecer, el alivio. Pero a las doce de la noche, al montar a caballo para situarse, según orden superior, en el Ministerio de la Guerra, se vio nuevamente acometido con mayor violencia y sufrimientos más agudos. Hizo de tripas corazón, y del riguroso deber fortaleza, en la cual se encastillaba, tratando de engañar el dolor físico con la satisfacción de conciencia.