Explore "O'Donnell" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
En gran desolación y necesidad quedaron Manolita y Teresa con la trágica muerte del Coronel. Por muchos días, su casa fue un jubileo de visitas; las personas doloridas o que fingían el dolor desfilaban vestidas de negro, dejando en los oídos de la huérfana y la viuda suspiradas frasecillas, con rumor semejante al del vuelo de las moscas.
La situación económica de la familia era poco halagüeña, porque la viudedad de la Coronela, unos quinientos reales al mes, no resolvía ni el problema primario de alimentarse y vestirse las dos mujeres, ni menos los secundarios problemas que a casa traía la viuda con sus trapicheos, y los despilfarros consiguientes. En vida de don Andrés ya eran grandes los atrasos, y Manolita empleaba todo su arte y astucia para ocultarlos a su marido. Después de la desgracia, la gravedad de la situación se centuplicaba, por las derivaciones de la desgracia misma en el orden social. La desamparada familia no tenía más remedio que vestirse de cerrado y decoroso luto. El papel en que escribían alguna carta había de tener orla negra, y negras habían de ser asimismo las cartulinas que para visitas y otras mundanas etiquetas eran necesarias. ¡Qué diría la sociedad si no veía en derredor de la familia todo aquel aparato de negrura y tristeza! La huérfana y la viuda, que apenas tenían para comer, y obligadas vivían a una representación pública incompatible con su menguado haber, eran en realidad más infelices y más pobres que las últimas vendedoras de hortalizas en medio de la calle.