Explore "El Caballero Encantado" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Refiérense nuevas aventuras y desventuras del caballero peregrino.
Estrecháronse con fuerte apretón las manos el guardia y Gil, con lo que el primero dió fe de su hidalguía y el segundo de su gratitud, correspondiéndose ambos en nobleza y caballerosidad. Bueno será decir que si Regino concedió fácilmente su amistad á Florencio Cipión á poco de tratarse, no tuvo poca parte en ello la idea de que bajo las apariencias del rústico se escondía un caballero, el cual, por reveses de fortuna ó por otras causas impenetrables, disfrazaba su verdadera condición. Algo de esto debió indicarle Cíbico, y él no dejó de advertir la disparidad entre el humilde oficio del hombre y su habla, rostro y actitudes. Y dicho esto, conviene añadir que también Gil notaba en Regino disparidad análoga. Dentro del joven guardia civil alentaba un sér de calidad superior. Así lo revelaban sus expresiones y pensamientos, nunca villanos, casi siempre nobles; sus ojos azules, que dejaban transparentar una segunda mirada, en acecho de ocasión para ser primera y recobrar su prístino estado. Esto lo veía Gil, ó se lo figuraba en el intenso erotismo de su imaginación.