Explore "El Caballero Encantado" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
De lo que vió y sintió el caballero en el osario de Numancia.
Al trabajo en las excavaciones fué Gil el siguiente lunes con cierta emoción religiosa. No era lo mismo arrancar piedras de un monte para el afirmado de un camino, que sacar de la tierra las que dos mil años há fueron asiento y abrigo de un pueblo perpetuado en la excelsitud de la Historia. De los veinte ó más hombres que allí trabajaban, tal vez Gil era el que mejor comprendía toda la grandeza de aquella exhumación. Revolviendo tierras negras, tierras coloradas, se iba penetrando de lo que hacía. Por las explicaciones que en su tosco lenguaje le dió el capataz, descifraba los caracteres del suelo. Lo negro era la ciudad romana, que los vencedores construyeron sobre los restos de la ciudad celtíbera; lo rojo era Numancia quemada, escoria de ladrillos calcinados y cenizas revueltas con huesos y trozos de cerámica. Entre este material que los azadones cuidadosamente movían y las palas apartaban, aparecían los sillares de labra tosca, ajustados con barro. Las piedras formaban paredes, y las paredes habitaciones, y éstas casas, y las casas calles…