Explore "El Caballero Encantado" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Donde se cuenta el terrible encuentro del caballero con un desaforado gigante, y cómo luchó con él y le dió muerte, con otros sucesos interesantes.
No pudo discernir el turbado caballero su estado cerebral cuando á media luz se vió detrás de la Madre, en el mismo camino pedregoso que era salida y entrada del lugar de Boñices. Escoltaban á la Señora, con lento andar respetuoso, á izquierda y derecha, don Alquiborontifosio y don Venancio, maestro y cura del triste pueblo. De lo que hablaban, sólo recibía Gil en sus oídos un run-run de sílabas, que el rumor del viento entremezclaba y esparcía. Llegados los cuatro al punto en que el terreno se despejaba de cantos rodados y de otras asperezas, doña María ordenó afablemente á los venerables señores que regresaran á sus casas, pues cumplida estaba ya la delicada etiqueta del acompañamiento en parte del camino. Obedecieron, reiterando su adhesión y gratitud, y Gil oyó que el cura se despedía con un latinajo, y el maestro con un refrán de su inagotable archivo. Siguieron luego solos la Madre y su fiel escudero, sin que la conciencia de éste lograra determinar si velaba ó dormía. La Señora le dijo que á su manto se agarrara, y obediente al soberano designio, se sintió navegando en el piélago de lo maravilloso… Y los cronistas que estas inauditas cosas han transmitido, aseguran, bajo su honrada palabra, que el caballero y la Madre recorrieron, en menos tiempo del que se tarda en decirlo, llanuras yermas y empinados vericuetos inaccesibles á la humana planta. Para no cansar, dígase que antes de media noche entraban la dama y el encantada hijo por el portillo de Calatañazor, ya bien conocido en estos verídicos anales.