Explore "El Caballero Encantado" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Allá van los peregrinos, de tierra en tierra, de río en río.
Consumado el acto de policía impuesto por duro reglamento, advirtieron los guardias en su compañero Regino palidez tan intensa, que más parecía muerto que matador. Demudado de rostro y oprimido el pecho por indecible congoja, difícilmente podía tenerse en pie; y mientras sus camaradas subían á cerciorarse de la muerte de los fugitivos, se sentó junto á la inerte y fenecida humanidad del buen don Quiboro. O se avergonzaba de la flaqueza de su ánimo, ó en su mente se agolparon, con violencia congestiva, ideas suscitadas por las terribles imprecaciones de Gil poco antes de caer fusilado. Volvieron del reconocimiento los guardias, y Regino les interrogó sacando débiles voces de su angustiado pecho. "El mozo está más muerto que mi abuelo -dijo el fosco. Cabeza y corazón tiene, al parecer, pasados de parte á parte. En la vieja no hemos visto heridas; pero está tiesa y sin respiración. Si no la tocaron las balas, muerta está del susto".