Explore "La Fontana de Oro" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Al oír Lázaro de boca de las dos esfinges la noticia de la expulsión de su antigua amiga, sintió deseos de coger por el moño á entrambas nobilísimas damas y darles allí el castigo de su crueldad. A pesar de su agravio, y de que no conocía las razones que habían tenido para echarla á la calle, un gran interés por aquella infeliz se despertó en su corazón. Indudablemente, á él le tocaba ampararla en aquel trance, apartarla del vicio á que su soledad podía conducirla, socorrerla, en fin, porque habla sido su amiga, le había amado, y en tales casos es de corazones generosos y buenos olvidar las injurias y pagarlas con nobles acciones. Viendo que no le daban razón de su paradero, bajó y salió dispuesto á buscarla. Pero ¿dónde, dónde la iba á encontrar? Clara no conocía á nadie en Madrid. Sí: conocía á Bozmediano. Esta idea enfrió repentinamente la generosidad del joven. "Tal vez-pensaba-se marchó, porque Bozmediano la indujo á ello; tal vez ya la tenía consigo." Esto avivó los celos y el rencor del estudiante, que resolvió no descansar hasta descubrir el misterio de aquella salida y pedir cuentas á Claudio de su grande traición.
Con esta idea se dirigió á casa de éste, dispuesto á dar un escándalo en la casa si no le permitían verle. Lo probable, según él, era que Clara estuviera allí. Los celos le cegaban al pensar que aquella joven, que algunos meses antes se le había aparecido con todo el encanto de la sencillez y de la gracia, de la virtud doliente y de la tranquilidad doméstica, había cedido á las sugestiones de un libertino sin conciencia. Era preciso no dejar sin castigo aquella infamia. "Aún me interesa mucho-decía;-aún la quiero mucho para que perdone yo esta injuria, que me parece hecha á una persona mía; injuria que cae sobre mí, que iba á ser…."