Explore "Torquemada en la Cruz" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
En cuanto se vio solo Rafael, determinó poner en ejecución el plan que hacía dos semanas embargaba su mente, y para el cual se había preparado con premeditaciones de criminal callado y reflexivo. Desde que ideó la evasión, todas las noches llevaba furtivamente al cuarto su bastón y su sombrero, y se metía en el bolsillo un pedazo de pan, que afanaba con mil precauciones en la comida. Aguardando una ocasión favorable, pasaron noches y noches, hasta que al fin, la salida de Melchorito en busca del folleto de crítica le vino que ni de encargo, porque para mayor facilidad, el pintor y músico, siempre que por breve tiempo bajaba, solía dejar abierta la puerta, a fin de no molestar a las señoras cuando volvía.
No bien calculó que había transcurrido el tiempo necesario para no encontrar a Melchor en la escalera, deslizóse con pie de gato, y tanteando las paredes se escurrió fuera sin que sus hermanas le sintiesen. Bajó todo lo a prisa que podía, y tuvo la suerte de que nadie en el portal le viera salir. Conociendo perfectamente las calles, sin ayuda de lazarillo andaba por ellas, con la sola precaución de dar palos en el suelo para prevenir a los transeúntes del paso de un hombre sin vista. Atravesó el jardín, y ganando la calle de las Infantas, que le pareció la vía más apropiada para la fuga, pegado a la fila de casas de los impares, avanzó resueltamente. Para prevenirse contra la persecución, que inevitable sería en cuanto notaran su ausencia, creyó prudente meterse por las calles transversales, tomando un camino de zigzag. "Por aquí no es creíble que vengan a buscarme - decía -; irán por las calles de San Marcos y Hortaleza, creyendo que voy hacia Cuatro Caminos. Y mientras ellas se vuelven locas buscándome por allá, yo me escurro bonitamente por estos barrios, y luego me bajaré a Recoletos y la Castellana".