Torquemada en la Cruz by Benito Pérez Galdós

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Viole Bernardina antes que traspasara el hueco del portalón, y salió a recibirle con demostraciones de vivo contento, mirándole como un aparecido, como un resucitado. "Dame café - le dijo el ciego con trémula voz . Siento. nada más que un poquito de debilidad". Llevole adentro la fiel criada, y con rara discreción se abstuvo de decirle que la señorita Cruz había estado tres veces durante la noche buscándole, muerta de ansiedad. Mucha prisa corría comunicar el hallazgo a las angustiadas señoras; pero no urgía menos dar al fugitivo el desayuno que con tanta premura pedían la palidez de su rostro y el temblor de sus manos. Con toda la presteza del mundo preparó Bernardina el café, y cuando el ciego ávidamente lo tomaba, dio instrucciones a Cándido para que le retuviese allí, mientras ella iba a dar parte a las señoras, que sin duda le creían muerto. Lo peor del caso era que Hipólito Valiente, el héroe de África, estaba aquel día de servicio. "Ya que no tenemos aquí al viejo, que sabe embobarle con historias de batallas - dijo Bernardina a su marido -, entreténle tú como puedas. Cuéntale lo que se te ocurra; inventa mentiras muy gordas. No seas bruto. En fin, lo que importa es que no se nos escabulla. Como quiera salir, le sujetas, aunque para ello tengas que amarrarle por una pata".

Rafael no mostró después del desayuno deseos de nuevas correrías.

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