Explore "Torquemada y San Pedro" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Es cosa averiguada que poco después de oír la noticia de la muerte, a la que añadió el reverendo Gamborena tristísimos pormenores, estiró los brazos D.
Francisco, y luego una de las patas, vulgo extremidades inferiores, cayendo redondo al suelo con un ataque espasmódico, semejante al que le dio al ver morir a su primer Valentinico. Acudieron al socorro del amo criados diferentes, y allí le sujetaron, y con mil trabajos pudieron llevarle a su alcoba, donde le fue administrada una mano de friegas como para un buey, hasta que pudo Quevedito tomarle por su cuenta. Pasó el arrechucho, y por la mañana, tras un corto descanso, pudo entrar a verle el señor de Donoso, y a conferenciar con él sobre un asunto tan importante como era el sepelio y honras de la señora Marquesa. Para plantear estas cuestiones se pintaba solo el buen amigo de la casa, y las explanaba y discutía con un aplomo y una dialéctica que ya quisieran otros para los más graves negocios de Estado. D. Francisco no estaba en verdad para discusiones, y procuró cortarle los vuelos oratorios. "¿Que debe ser de primera? Ya lo comprendo. Pero no veo la necesidad de extremar tanto el boato. Bueno que esté en armonía con nuestra posición. desahogada; pero. ya sabe usted que no me gustan pompas ni lujos asiáticos. Porque lo que usted me propone, viene a ser como una especie de. orgullo satánico. o algo así como apoteosis que. ".