Explore "Episodios Nacionales Para Niños" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Desde aquel día, tan memorable en el segundo sitio como el de las Eras en el primero, empezó el gran trabajo, el gran frenesí, la exaltación ardiente en que vivieron por espacio de mes y medio sitiadores y sitiados. Os hablaré ahora del famoso Reducto del Pilar, levantado en la cabecera del puente de la Huerva. Era una obra esmerada, un excelente modelo del arte de la fortificación. Sus ocho cañones, cuyos fuegos se cruzaban con los de San José, amenazaban la primera y segunda paralela construida en zig-zag por los franceses. Jefe del reducto era Larripa; Betbezé mandaba la artillería, y los ingenieros el gran Simonó, oficial distinguidísimo, tan sabio como valiente. Mi batallón, con algunos voluntarios aragoneses, soldados del resguardo y varios paisanos armados, componíamos la guarnición. Sobre la puerta de entrada, al extremo del puente, pusimos esta inscripción: Reducto inconquistable de Nuestra Señora del Pilar.
El suministro de provisiones nos lo hacía, más que la Junta, la caridad de las buenas vecinas de aquel barrio, que así cuidaban a los heridos como atendían al socorro y alimentación de los ilesos. En diferentes horas de un mismo día, variaba de aspecto nuestro Reducto; tan pronto era campo de muerte como salón de canto y baile; tan pronto merendero como hospital de sangre y lugar de amenas tertulias. En aquel centro militar y festivo se marcaron bien pronto algunos tipos populares de los que os hablaré brevemente. Señalaré al famoso Pirli, un muchacho de los arrabales, labrador, como de diez y ocho años, de condición tan festiva que los lances peligrosos desarrollaban en él una alegría nerviosa y febril. Jamás le vi triste, y cuando las balas silbaban en torno suyo bailaba con graciosos gestos y cabriolas. Su traje de andrajos casi a la desnudez equivalía; se cubría la cabeza con un morrión o con gorra de pelo, cogida a los franceses muertos.