Explore "El Doctor Centeno" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
¡Y qué bien durmió aquella noche! Las doce serían cuando Felipe se aventuró a despertarle. Toda la tarde estuvo charla que charla, y habría salido a la calle, si Cienfuegos no se lo prohibiera por estar el tiempo frío y amenazando lluvia. Como tenía algún dinero, mandó traer comida de la fonda. ¡Lástima grande que el apetito le faltara! Era muy extraño que apeteciera este y el otro plato y que en el momento de verlo delante, le entraran tan invencibles repugnancias. Esto le ponía triste, y decía:
-¿Sabes tú, Felipe, una cosa que yo creo que comería con gana?, pues cañamones. Si mi tía me mandara. Creo que con esto me volverían las ganas de comer y me pondría bueno.