Explore "El Doctor Centeno" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Algunos de los amigos de Miquis se habían examinado hacia el 10 de junio, y le acompañaban y asistían con paciencia. Otros iban poco por allí. Cuando supo que los días de Alejandro estaban contados, acudió Ruiz quejándose de que no se le hubiera avisado antes, y haciendo oficiosos extremos de pena. Entre él y Poleró, después de oído el lúgubre dictamen de Moreno Rubio, acordaron escribir a la familia y avisar al único pariente que en Madrid tenía el manchego, la tiíta Isabel. Desempeñaron esta comisión Arias y Poleró, yendo a la casa de la calle del Almendro, llenos de curiosidad, porque habían oído contar a Miquis las rarezas de su tía. Ésta les recibió con urbanidad; pero súbitamente cambió de tono y de modales, y rompiendo en denuestos contra la juventud del día, les llamó gandules y les dijo que se pusieran en la calle. Acentuando ellos su cortesía, volvieron a hablar del triste asunto que les llevara allí, pero la señora les interrumpió de este modo:
-No es Miquis, es Herrera; no es mi sobrino, es mi nieto. ¿Y a ustedes quién les mete en esto? ¿Vienen de parte de algún Micifuf a extraviar mi buena razón y a trastornarme el clarísimo juicio de que, a Dios gracias, gozo?