El Doctor Centeno by Benito Pérez Galdós — Read

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El caballero manchego, cuya primera hazaña había sido arrancar a la historia la figura de El Grande Osuna para vaciarla en un molde dramático, estaba cada día, más triste, por motivos que no eran de arte. A medida que iba gastando lo que le diera su tía, más se aplanaba su ánimo, y no por la idea de que el tesoro se acabase, sino por los remordimientos que el gastarlo tan sin sustancia le cansaba. Pasado algún tiempo desde la famosa noche de la calle del Almendro, parecía que se enfriaba su caldeado cerebro permitiéndole ver la verdad de aquel peregrino caso. Su tiíta estaba loca, y él, recibidos los dineros, debió ponerlos a disposición de su padre. No lo había hecho por afán de satisfacer gustos y deseos irresistibles de la niñez y de la juventud. Había hecho uso de lo que casi no era suyo, de un caudal venido a sus manos por caminos torcidos. Pero el hervor de su sangre y el iluminismo de su mente habían podido más que su conciencia. Tener dinero era para él como la razón de ser del vivir, mejor, como la florescencia, el fruto y flor de la vida.

Carecer de ello era asemejarse a un árbol que no tiene más que raíces, leña y hojas, pero que nunca se viste de flores ni se engalana de fruto alguno. ¡Disponer, pues, de aquella savia social y no nutrirse de ella, no cubrirse de la hermosa gala de la vida, pudiendo hacerlo; no dar a los labios el auténtico sabor de humanidad, teniéndolo tan a la mano!. ¡Oh!, ¡esto era superior a su conciencia de hombre, a su respeto de hijo! En el estado actual del mundo, la vida sin moneda es una vida teórica, un mecanismo fisiológico, que hace de los hombres muñecos para divertir a los verdaderos hombres, a los que están provistos de aquel jugo vital. Es menester remontarse a la época del pastoreo para imaginar al hombre indiferente a las ideas de tuyo y mío, y considerarle como tal hombre a pesar de la mutilación de esa víscera que se llama bolsillo. Esto pensaba Miquis, y añadía Cienfuegos que no era mutilación la voz propia, sino que aquella entraña estuvo mucho tiempo en forma rudimentaria, y así siguió hasta que el uso hizo de un elemento orgánico un verdadero órgano.

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