Explore "Ángel Guerra" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Con el tiempo la soledad aumentaba, pues cada día hallábase Guerra más agobiado y triste, y con la soledad iba tomando cuerpo la idea de que su vida no tenía ya ningún objeto. Otra particularidad de aquel estado de ánimo era que se olvidó casi absolutamente de Dulcenombre. Una mañana sorprendiole Braulio con el anuncio de una visita, que fue como si le dieran un aldabonazo en el cerebro. «Esa mujer -le dijo el administrador balbuciendo, pues cada día era más tímido ante su amo-, está ahí. Yo no quería que pasara, pero ha sido tal su obstinación que. Francamente, me ha dado lástima. Le he dicho que aguarde en mi cuarto, hasta ver si querías recibirla».
Guerra sintió algo de turbación de conciencia y mandó que pasara Dulce, quien no se hizo esperar, y venía tan alterada por la emoción y tan desmejoradilla por su última enfermedad que, al pronto, Guerra no supo disimular su sorpresa desagradable, y en su deplorable tendencia a exagerar las cosas, vio en la pobre muchacha un esqueleto vestido. Traía su trajecito de merino, mantón obscuro y velo, bien apañadita, modesta y con el aire inequívoco de una esposa de capitán de la reserva o de empleado de corto sueldo.