Explore "Silas Marner" by George Eliot on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cuando Dunstan Cass le volvía la espalda a la choza, Silas Marner no estaba ni a cien pasos de allí. Volvía penosamente de la aldea. Una bolsa cargada al hombro le servía de sobretodo, y llevaba una linterna de cuerno en la mano. Sus piernas estaban cansadas, pero su espíritu, que no presentía ningún cambio, se sentía ágil. El sentimiento de la seguridad procede más frecuentemente del hábito que de la convicción; por eso es que subsiste a menudo, cuando las condiciones se han modificado de tal modo, que más bien debieran dar lugar a esperar que se volvieran una causa de alarma. El lapso de tiempo durante el cual cierto acontecimiento no se ha producido, es, según la lógica del hábito, constantemente opuesto como la razón por la cual ese acontecimiento no debe ocurrir nunca, aun mismo cuando ese lapso de tiempo es la condición nueva que lo hace inminente. Ese hombre os alega que ha trabajado cuarenta años en el interior de una mina, sin ser herido en un solo accidente, como el motivo por el que no debe temer ningún peligro, bien que el techo de la mina comience a ceder; y se observa a menudo que cuanto más vive un hombre, más difícil le es conservar una firme creencia en la idea de su muerte.
La influencia del hábito tenía que ser necesariamente poderosa en un hombre cuya vida era tan monótona como la de Marner. No viendo a nuevas gentes, y no oyendo hablar de ningún acontecimiento, no había nada que mantuviera despierto en él la idea de lo inesperado y del cambio. Eso explica también de una manera bastante sencilla por qué su espíritu podía estar tranquilo, aunque hubiera dejado su casa y su tesoro más expuestos que de costumbre.