Explore "Memorias de Un Solterón: Adán y Eva" by Emilia Pardo Bazán on Textopian. Read with annotations and highlights.
Claro que al acostarme y apelotonarme entre sábanas, al encontrarme frente a frente con mi gato; que más filósofo y cuerdo que yo, ni hace escapatorias ni se ocupa en lo que no le importa un pitoche; al contar las campanadas del French, al escuchar a lo lejos el ruido temeroso de las olas, volví sobre mí y me pesó de haber accedido tan fácilmente al ruego del afanoso padre. Bien mirado, ¿quién me mete a mí en libros de caballerías? ¿Qué me importaba que se casase o se quedase para vestir santos; qué se me daba de que León Cabello cantase dúos del alma con Argos divina; qué tengo yo con el compañero Sobrado, y qué me duele si Feíta se va por los cerros de Úbeda, ora llevada de la mano por la diosa Minerva, ora por el gobernador de la provincia, el del ambiguo reloj?
Lo que tranquilizaba algo mi conciencia era que en esta historia el único resorte que me impulsaba era la amistad. No estando interesado mi corazón por ninguna de las hijas de D. Benicio, y sintiendo en cambio una afición nobilísima hacia el buen padre, no entrañaba verdadero peligro mi ingerencia en los asuntos de la casa. Aquello había venido no sé cómo, rodando insensiblemente, y sin que yo me diese cuenta de que los hilos de dos o tres intriguillas iban reuniéndose en mis manos, y que se me habían enredado en los dedos, de tal suerte, que soltarlos me era difícil.